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Alzhéimer

Origen
La enfermedad fue descrita por vez primera por Alois Alzheimer en el año 1906. A partir de 1901, Alzheimer se ocupará de una enferma llamada Augusta D., ingresada a los 51 años en el Hospital de Frankfurt con un grave y progresivo cuadro de deterioración mental que incluía pérdida de memoria, desorientación temporoespacial, paranoia, alucinaciones y delirios, y lenguaje incoherente. Cuando esta paciente fallece en 1906, su cerebro le fue remitido a Alzheimer para su estudio, dando así lugar a la primera descripción anátomoclínica de lo que se pasó a conocer, a partir de la edición de 1910 del Manual de Psiquiatría de Kraepelin, como “enfermedad de Alzheimer”. En su estudio, Alzheimer mostraba la asociación entre esa descripción clínica determinada y una serie de cambios morfológicos en la corteza cerebral. En 1911, describió un segundo caso, y en ese mismo año, Fuller publicó la primera revisión de 13 casos de la enfermedad.

 

¿Qué es?
El alzhéimer es una demencia primaria, degenerativa y de carácter progresivo. Se desconoce su origen, pero se sabe que afecta a las células cerebrales, causando la muerte progresiva de las neuronas y, como consecuencia, el enfermo pierde la capacidad de desarrollar las funciones que dependían de esas neuronas muertas. Esta pérdida, se va desarrollando de manera muy lenta al principio de la enfermedad y, por eso, los primeros síntomas pueden pasar desapercibidos tanto para los familiares como para el propio enfermo. Con el paso del tiempo la enfermedad evoluciona más rápido y son más evidentes los cambios que sufre la persona, que poco a poco va a ir perdiendo la capacidad de cuidar de sí misma.

 

Señales de alarma

•    Pérdidas de memoria que afectan a las capacidades de trabajo.
•    Dificultades para realizar tareas familiares.
•    Problemas de lenguaje.
•    Desorientación en el tiempo y en el espacio.
•    Pobreza de juicio.
•    Problemas de pensamiento abstracto.
•    Perder cosas o guardarlas en lugares incorrectos.
•    Cambios en el humor y en la conducta.
•    Cambios en la personalidad.
•    Pérdida de iniciativa.

 

Diagnóstico
Cuando alguien detecta alguna de las señales de alarma deberá contrastar los déficits observados con otros miembros de la familia y consultar con el médico de cabecera. A lo largo del proceso diagnóstico se deben observar las reacciones y actitudes del enfermo y solicitar información, asesoramiento y ayuda. A veces, se da el caso de que durante una visita médica se detectan señales sospechosas y el médico indica la conveniencia de realizar un estudio diagnóstico.

 

El diagnóstico precoz es muy importante porque permite detectar y tratar posibles demencias reversibles. En las primeras fases los tratamientos contra el deterioro cognitivo son más eficaces, se retrasa más el avance de la enfermedad y la familia puede planificar mejor su vida y la de su familiar con demencia.

 

El diagnóstico de demencia tiene que ser realizado por un médico especialista.

 

Fases


Leve: el daño de la enfermedad aún pasa desapercibido, tanto para el paciente como para los familiares. El enfermo olvida pequeñas cosas, como dónde ha puesto las llaves, o tiene alguna dificultad para encontrar una palabra. En esta etapa aún puede trabajar o conducir un coche, aunque es posible que empiece a experimentar falta de espontaneidad o de iniciativa y a mostrar ciertos signos depresivos. La capacidad de juicio se reduce y tiene dificultad para resolver nuevas situaciones y organizar actividades. Pueden aparecer signos de apatía y aislamiento y cambios de humor.

 

Moderada: la enfermedad ya resulta evidente para la familia y personas próximas. El paciente presenta dificultades para efectuar tareas como hacer la compra, seguir un programa de televisión, o planear una cena. Ya no es sólo una pérdida de memoria, sino también de capacidad de razonamiento y comprensión. En esta etapa, el deterioro avanza con bastante rapidez y los afectados pueden llegar a perderse en lugares familiares. Además, se muestran visiblemente apáticos y deprimidos.

 

Grave: todas las áreas relacionadas con la función cognitiva del paciente se encuentran afectadas. Pierde la capacidad para hablar correctamente, o repite frases inconexas una y otra vez. No puede reconocer a sus familiares y amigos; ni siquiera se reconocen a ellos mismos ante un espejo. La desorientación es constante. A los pacientes más graves se les olvida andar y sentar y, en general, pierden el control sobre sus funciones orgánicas. Se les olvidan los acontecimientos recientes y remotos. Permanecen horas inmóviles, sin actividad y, normalmente, no pueden andar. Dejan de ser individuos autónomos y necesitan que los alimenten y los cuiden. Gritan, lloran o rien sin motivo y no comprenden cuándo se les habla. En su etapa más grave aparecen rigideces y contracturas en flexión; permanecen en mutismo y pueden llegar a presentar trastornos deglutorios.

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